martes, 19 de abril de 2016

Reloj de arena

Estoy sentado frente a un enorme reloj de arena. Es tan grande que parece infinito. Sería absurdo prestarle atención, ya que nada va a ocurrir. Ni siquiera el final, cuyo rumor sería un alivio, es conjeturable. Solo la monotonía de esos granos que caen silenciosamente y se apilan en la parte inferior.
Podría aguzar los sentidos y descifrar las distintas formas en que se va acomodando la arena, los matices en su gama de colores, el ínfimo crecimiento de la Montaña. Acaso este aburrimiento sea una condena. Acaso la condena tenga una enseñanza. Y acaso el aprendizaje sea subjetivo, de modo tal que posibilite cortar esa oxidada cadena de asociaciones depresivas para correr hacia la libertad.
El aburrimiento, entonces, ¿es una elección?
Y la libertad, ¿es una meta o un camino?