jueves, 15 de septiembre de 2016

Escribir como un gil

Qué triste escribir como un gil y no darse cuenta.
Supongo que la condición necesaria excede al hecho literario y se basa en ser lo suficientemente estúpido en la vida cotidiana como para no enterarse de nada.
Por ejemplo, hacer un poema del tipo...

temblabas de frío
y te estreché en mis brazos
los cuerpos se fundieron
los ángeles estuvieron ahí
como la luz de la luna
en la ventana
etc

Hay un tanto de gil y quizá otro tanto de inocente optimismo, como si el sujeto en cuestión tuviera cierta esperanza o fe en la humanidad, como si creyera sinceramente en que abstracciones como el amor y el enamoramiento, o un simple acto sexual o de cualquier otra índole, colmaran de sentido la existencia.

Al mismo tiempo, la crítica del gil da un aire de rudeza e inteligencia al crítico. Pero en el fondo, este tipo de imbécil probablemente sea más triste y patético que el anterior.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Genio

—Hola María, soy Guido. ¿Te acordás de aquella vez que yo estaba tocando la guitarra y me interrumpiste porque querías dormir?
—No.
—Éramos novios, estábamos en tu departamento de la calle Viamonte y alguien, no sé si Tato o Fabián, había dejado una guitarra.
—Hace como diez años que me fui de ese departamento, ¿por qué?
—Aquella vez, en ese acto egoísta, arruinaste la carrera de un genio. No tenés ni idea de todo lo que la humanidad se está perdiendo por tu culpa.
—¿Qué?
—¿Te imaginás lo que sería el mundo si no existiera la novena sinfonía de Beethoven porque la novia quería dormir la siesta?
—Pero, Guido…
—¿O que su madre lo hubiese obligado a pasear al caniche? ¡O a cambiarle los pañales al abuelo con alzheimer?
—¡Guido!
—¿Qué?
—¿Llamaste para decirme eso?
—Sí, y también para preguntarte si estás sola y te gustaría que nos encontremos una noche de estas a ver si revivimos un poco de…   ¿Hooola? María, ¿estás?
—...
—¿Hooolaaaaa? (Me parece que cortó).