—¿Ya te enteraste, Marta?
—¿El qué?
—Apareció Ricardo.
—¿El de esa casa tan bonita de la
vuelta?
—Sí, que falta al barrio como hace dos años.
—No me digás, Elvira. Ya me había
olvidado. Pensé que no volvía más.
—Si era por él no volvía más. Lo
encontraron.
—¿Cómo?
—Salió en los diarios.
—Leí El Popular y no me enteré
de nada...
—No, no. En los diarios de
Brasil. Estaba en Río de Janeiro.
—Tomá mate.
—¡Tomá caipiriña, Marta! Dice que fue
un escándalo. Lo encontraron unos periodistas tirado en la playa, borracho y
desnudo.
—Ay, pobre su señora.
—Eso no es nada. En la cabaña donde
se hospedaba había dos brasileras. También desnudas y alcoholizadas. El lugar estaba
lleno de cosas... sexuales... aparatos, ¿viste? Dice que estuvieron como una
semana, dale que va, antes de terminar así.
—...
—¿Y, qué decís?
—...
—Salió la noticia en todos lados.
La familia ya lo contactó y parece que se viene. Estaba de ilegal allá.
—Bueno, es importante que haya aparecido... y que esté sano.
—Se dice que lo mantenían las
mujeres.
—¿Mantenido! No te puedo creer...
¿Estaría bien ese hombre?
—Mejor imposible, Marta.