—¿Qué es esa horrible protuberancia,
maestro, en el centro de su frente? ¿Es acaso eso que mis compañeros llaman pornoco?
—Por el momento, pequeño Tim, diremos
que es el nacimiento de un tercer ojo.
Nada aquí ha superado el deterioro del tiempo. Al principio, fue la inocente felicidad; luego, la herida y la desconfianza; por fin, el hastío. Acaso el olvido encienda una hoguera redentora con estas letras resecas. Las telarañas en los rincones se obstinan en fijarlo todo, para siempre.
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