miércoles, 11 de junio de 2014

Un tipo que sabía intimidar

"Pedazo de estúpido, más vale que dejes de hacerte el vivo con mi novia porque te cago a trompadas".
Sí, pensó Alejandro, así está bien dicho. Apretó el Enter y esperó, frente al monitor, a ver si el otro respondía.

sábado, 7 de junio de 2014

Todo es una idea tuya

En una mesa contra la pared, al fondo del bar, estaba la parejita. Rondarían los dieciocho. Habían comido pizza. Él tomaba cerveza y ella gaseosa. La iluminación era tenue, sonaba música romántica en inglés, y ella hablaba. Como toda la noche. Ella había estado hablando y él escuchando, algo disperso. De vez en cuando acotaba.
—Agustina, tengo que decirte algo —dijo el chico.
Ella dejó de hablar. Lo miró a los ojos.
—Esto no va más.
—¿Qué cosa? —dijo ella, con voz quebrada.
—Lo nuestro... Se terminó.
Agustina bajó la vista hacia el plato, que tenía migas y queso pegoteado. Se le cayeron un par de lágrimas y se secó con la manga del saco.
—Ayer dijiste que me amabas y que estaba todo bien.
—Son palabras, se las lleva el viento.
—Entonces, ¿me mentiste todo este tiempo?
—No. Todo lo pasado sucedió, por eso fue verdadero. Lo que pude haber dicho acompañaba los hechos, pero el viento arrastra todo. Las palabras y los hechos.
—Y qué vas a decir de las tardes que pasamos juntos, de las veces que dormimos abrazados, de los planes que hicimos para el futuro. Eso no se olvida así nomás.
—Todo es pasado, incluso lo que hablamos del futuro. El único tiempo que cuenta es el presente —dijo el chico, arqueando las cejas. Recogió la botella de cerveza, llenó su vaso, tomó un trago y continuó: —Y hoy lo nuestro se terminó. No lo quiero más.
Ella volvió a llorar. Tenía el maquillaje corrido y ya no se secaba la cara.
—Sé que me amás... Seguro estás confundido por algo. No sé qué es, pero en realidad me amás.
—No. En realidad, no te amo. Es una idea tuya, basada en la imagen de mí que te hiciste en todo este tiempo.
—Pero... Pero, Fran...
—Basta de peros. Y basta de Fran. No soy más Fran, eso también es una idea antigua. Andá acostumbrándote. A partir de ahora seré un desconocido.
El desconocido terminó la cerveza de un trago y miró hacia la barra.
—Mozo, la cuenta. 

lunes, 2 de junio de 2014

La patrulla soñada

Ramírez bajó la persiana de la calle y corrió al teléfono.
—Novecientos once, ¿diga?
—Señor, frente a mi casa hay un joven delincuente pintando la cara del subversivo Guevara.
—¿Cuál es su dirección?
—Arredondo ocho dieciséis.
—Bien, enseguida enviamos un móvil.
Ramírez esperó detrás de la puerta. Cinco minutos más tarde llegaron dos agentes en un Fiat 600. El que iba de acompañante gritaba "uiu-uiu-uiu" por la ventanilla. Cuando abrió la puerta, dijo:
—Wiuuuuuuu.
Eran policías con pantalones de jean y pelo largo. Ramírez asomó a la calle.
—¡Es aquel, señores! ¡Se escapa! —Señaló al muchacho que corría hacia la esquina.
Los agentes lo vieron alejarse. Se encogieron de hombros.
—No vinimos por el pibe —dijo el conductor—. Vinimos por usted.
—¿Cómo dice?
—Sí, sí. Escuchó bien, Ramírez. Debería cambiar ese discurso, empezar a ver la vida de otra forma.
—Además quedó muy buena la pintura —acotó el acompañante.
—Venimos a advertirle que se relaje —siguió el conductor—. O no tendremos otra alternativa que arrestarlo.
—Si no cometí ningún delito.
—Y el pibe tampoco, Ramírez. Es un artista callejero.
—Para el arte hay galerías y museos, ¡esto es vandalismo!
—No sea botón —dijo el acompañante.
—Y deje de mirar a Mariano Grondona —agregó el conductor—. Descubrirá que la vida es más linda de lo que había imaginado.
—Para empezar tómese un te con vainillas —sugirió el acompañante.
—Es muy triste que en el dos mil catorce todavía se escuchen estas cosas. Esperemos que no vuelva a repetirse.
El conductor le dio a Ramírez dos palmadas en el hombro y regresó al auto. El acompañante dijo "Wiuuuuu" y subió. Dieron arranque, pero el motor falló.
—¡Vamos, Ramírez —gritaron desde el auto—, ayude a empujar!
Ramírez y el acompañante empujaron el Fiat, que logró arrancar. El acompañante lo abordó a la carrera y Ramírez quedó en el medio de la calle, agitado, viendo cómo se alejaban los oficiales.