sábado, 7 de junio de 2014

Todo es una idea tuya

En una mesa contra la pared, al fondo del bar, estaba la parejita. Rondarían los dieciocho. Habían comido pizza. Él tomaba cerveza y ella gaseosa. La iluminación era tenue, sonaba música romántica en inglés, y ella hablaba. Como toda la noche. Ella había estado hablando y él escuchando, algo disperso. De vez en cuando acotaba.
—Agustina, tengo que decirte algo —dijo el chico.
Ella dejó de hablar. Lo miró a los ojos.
—Esto no va más.
—¿Qué cosa? —dijo ella, con voz quebrada.
—Lo nuestro... Se terminó.
Agustina bajó la vista hacia el plato, que tenía migas y queso pegoteado. Se le cayeron un par de lágrimas y se secó con la manga del saco.
—Ayer dijiste que me amabas y que estaba todo bien.
—Son palabras, se las lleva el viento.
—Entonces, ¿me mentiste todo este tiempo?
—No. Todo lo pasado sucedió, por eso fue verdadero. Lo que pude haber dicho acompañaba los hechos, pero el viento arrastra todo. Las palabras y los hechos.
—Y qué vas a decir de las tardes que pasamos juntos, de las veces que dormimos abrazados, de los planes que hicimos para el futuro. Eso no se olvida así nomás.
—Todo es pasado, incluso lo que hablamos del futuro. El único tiempo que cuenta es el presente —dijo el chico, arqueando las cejas. Recogió la botella de cerveza, llenó su vaso, tomó un trago y continuó: —Y hoy lo nuestro se terminó. No lo quiero más.
Ella volvió a llorar. Tenía el maquillaje corrido y ya no se secaba la cara.
—Sé que me amás... Seguro estás confundido por algo. No sé qué es, pero en realidad me amás.
—No. En realidad, no te amo. Es una idea tuya, basada en la imagen de mí que te hiciste en todo este tiempo.
—Pero... Pero, Fran...
—Basta de peros. Y basta de Fran. No soy más Fran, eso también es una idea antigua. Andá acostumbrándote. A partir de ahora seré un desconocido.
El desconocido terminó la cerveza de un trago y miró hacia la barra.
—Mozo, la cuenta. 

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