La comodidad y el confort pueden llegar a un punto en que
se vuelven insoportables. Acaso lo genere un sentimiento de culpa por poseer sin esfuerzo lo que a otros les falta, o cierto asco hacia
el propio aburguesamiento, capaz de adormecer en la obesidad a los sentidos y pasiones vitales.
Al menos es notoria la contradicción entre el ideal de ser un bohemio vagabundo
y realizar en la práctica todo lo contrario.