viernes, 28 de noviembre de 2014

Jack

¡Ah, viejo Jack! Te veo en el mismo instante en que me siento a escribir. Lanzando flechas de papel al pecho de la vida, volando con las alas rotas, imaginando que el mundo no va a durar mucho más y que vos estás ahí, a un lado de la ruta o saltando a un tranvía en movimiento, dando de comer a un vagabundo y actuando como si fueras uno de ellos pero con suficiente dinero y comida como para vivir un mes y convidar. Sí, Jack. Yo también fui eso. También actué de vagabundo. Tenía que saber, que experimentar… porque se nos ha metido en la cabeza que debemos cambiar y correr y movernos y excitarnos como para no ser excluidos de esta gran orgía cotidiana de cerveza rock & roll marihuana bolichito plaza country fiesta gente cool. Por momentos esa rueda se detiene y en un remanso inexplicable cae una gota de estrella con algún presagio o visión o truco fácil del destino. Hubo un tiempo en que imaginé mi futuro en la calle, comiendo restos de comida de los bares, juntando sobras en la playa o tocando timbres para manguear a las familias cualquier cosa que no fueran a consumir. Sí, lo hice y aún no lo he descartado seriamente. Es que por todas partes hay algo que sobra y algo que falta, porque este mundo desperdicia demasiado tiempo y demasiada vida como para hacer lo mismo que todos y no aprovechar esa abundancia. Y lo peor es que todos lo saben y nadie es capaz de gritarlo.
Los dueños de la moral pueden decir que todo esto es egoísta y no sería una mentira, pero ¿quiénes son ellos para juzgar! ¡Que se pudran en sus cuevas de cristal, junto conmigo! Si tan solo supiéramos hacia dónde estamos yendo, algún estúpido acto de cordura podría tener sentido. Pero no es el caso. La maravillosa máquina de pasar los días y este torbellino de polvo cibernético están atrofiando el cosmos. Cada vez veo menos el sol y en realidad eso no tiene ninguna importancia. Es lo mismo vivir de noche que de día; vivir entre montañas de cemento o encerrado entre arboledas y pájaros. Pero, ¿por qué es lo mismo? Apenas resuena el eco de esa pregunta en mi cráneo y comienzo a retorcerme como una víbora ciega, picoteada por hormigas y gorriones, perseguida por un miedo invisible.
Quizá nada de esto tenga sentido pero no puedo detenerme, Jack. Necesito salir y correr hacia ninguna parte. Surcar las calles como un autómata y continuar así, sin pensar, sin pensar hasta perderme como cualquiera. Como todos.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Relato breve

Hace algunas noches me esforzaba por escribir algo cuando llegó Paula. Venía de una cena con sus amigas.
—Hola amor —dijo.
—Llegaste en el momento justo. A ver si me das alguna idea para escribir un relato breve en el blog.
—¿No importa la calidad?
—Más o menos…
—Bueno, escribí sobre sexo.
—¿Por qué?
—Si escribís como en la práctica, tenés la brevedad asegurada.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Una lluvia

Un día como hoy, en que la ciudad se tiñe de tristeza, el asfalto parece más gris y los árboles objetos deslucidos... apenas se oye el chapoteo de neumáticos que llega desde la calle y alguna moto ruidosa que  suena como tos de vieja.
Esta frío y llueve, es verdad. Pero en algún momento descubro que no se trata de eso. Que no es el cielo y tampoco la lluvia, sino que soy yo. Soy yo el que me siento encerrado, vacío y solo. Soy yo el que no encuentra una escapatoria al calabozo que fabrica la angustia y espero la muerte como un anciano en su cama polvorienta.
Porque desprecio el presente y descreo del futuro, soy un moribundo que carga una pesada cruz sobre la espalda y camina arqueado sobre sus rodillas.
No consigo ver el sol detrás de las nubes, no respiro el perfume de los tilos, no entiendo el significado de una flor.
—¡Vamos, hombre, tenés que inventar algo! —intenta gritar una parte de mí.
Jamás la escucho. Solo oigo los pensamientos más pesados.
Eso confirma que soy un sordo.
Y un necio.

martes, 18 de noviembre de 2014

La mirada del otro

A veces entro a este sitio y me leo.
Es como hablar solo por la calle.
Y hablar solo estupideces.
A los gritos.
Si alguien me viera, pensaría que estoy loco.
Y lo estoy.
(Aunque no tanto
como quisiera).

lunes, 10 de noviembre de 2014

Diálogo de locos

—Está oscuro aquí adentro —dijo el ciego.
—Hablá más bajo, que hay gente durmiendo —rimó el mudo.
—¡Te escuché! —gritó el sordo.
—Es imposible que esto esté sucediendo realmente —pronunció correctamente el tartamudo.
—¿Será que lo estoy soñando? —dijo un despierto.
—Yo no lo soñé —afirmó un pelado enigmático.
—Este está convencido de que no lo soñó, mientras yo apenas sé que no se nada —alardeó Sócrates.
—No te hagás el vivo —retrucó el muerto.
—Son todos unos estúpidos —escupió el más estúpido de todos.
—Uh, caí re tarde —dijo, entre risas, el retardado.
—Che, ¿ninguno va a hablar dos veces? —interrumpió el eco.
—Che, ¿ninguno va a hablar dos veces? —insistió.
—Es sólo un truco —advirtió el mago.
—Pura literatura —se quejó el crítico literario.
—Bah —suspiró el quejumbroso.
—Estos receptores parecen imposibles —agregó una aguja hipodérmica que seguía la charla con entusiasmo.
—Bueno, terminala —ordenó el delfín.
—Tienen razón —dije.
—¿Y vos qué te metés? —gritaron todos al unísono.
—¿Me hablan a mí? —se atajó el Unísono.
—No, le decimos a aquel otro.
—¿Y yo qué tengo que ver? —se defendió, ahora, Aquel Otro.
—No intenten quitarme protagonismo —dije—. En este plano mando yo.
—No estés tan seguro —hizo saber el paranoico asomado bajo el mantel.
—¿Y si los liquidamos a todos? —me sugirió un verdugo.
—Sería incapaz de hacer algo así.
—Dale, es divertido —convidó Robledo Puch.
—Ah, bueno… Acá dejan entra a cualquiera —dijo un colado.
—Che, ¿falta mucho para que esto termine? —cuestionó un ansioso.
—Es que no sé cómo terminarlo —me sinceré.
—Redondeá, pibe —sugirió el círculo íntimo de Fernando Redondo.
—Yo lo termino —se ofreció el verdugo.
—Dios es el único con el poder de acabarla —gimió una monja sin crucifijo a la vista.
—La intervención del delfín hubiese sido un buen cierre —acotó Giancarlo Braguetta (cineasta napolitano).
—Haberlo sabido antes —lloró un nostálgico.
—Yo les garantizo una buena salida —dijo Houdini.
—Paso —se apuró a decir Juan José.
—¿No había hablado otro mago antes? —protestó un perfeccionista.
—¿Y por qué no puede haber dos? —repreguntó un siamés.
—¡Eso! —ratificó el hermano, palmeando la espalda que compartían.
—Se puso muy rebuscada la cosa —dijo un director de telenovela mexicana.
—¿Acaso el narrador se quedó sin recursos? —pensó en voz alta un lector irónico.
—¡No soporto más! ¡Este es el fin! —gritó un suicida mientras saltaba por la ventana.
—Lo echaremos de menos —se lamentó el Pinino Más.
—Estuve escuchando atentamente desde el comienzo y en este antro del patriarcado no se otorga voz a las mujeres —rugió una feminista.
—Estas siempre quieren controlar todo —deslizó por lo bajo un gobernado.
—Si sigue cayendo gente al baile, moriremos asfixiados —calculó un claustrofóbico que estaba cada vez más cerca de la ventana.
—Nunca oí una mentira tan grande —confesó Pinocho.
—¡Auugch! —se retorció el flamante tuerto que estaba enfrente.
—¡Vo' callate, Pinoché...! Si so' de madera so' —agitó una muñeca de trapo.
—¿Y por qué tenían que aparecer muñecos? —se preguntó Gallardo.
—Son cosas del destino —auguró una gitana y se esfumó.
—Y pensar que todo esto es producto de mi imaginación —dedujo un esquizofrénico, hamacándose agazapado en un rincón.
—Todos no —desafié, con aire de superioridad.
—¿Quién te dice? —soltó el viejo que siempre dejaba las frases abiertas—. En una de esas…

jueves, 6 de noviembre de 2014

Ego Maslíah y una breve reflexión sobre sus personajes

En los últimos meses he dedicado tiempo a repasar mi vasta obra literaria y surgió un interrogante, de índole crítico y filosófico, cuando descubrí que todos los personajes principales, en algún aspecto o en otro, se parecían a mí.
¿Marca eso los limites de un escritor o representa, acaso, la búsqueda de la perfección?

martes, 4 de noviembre de 2014

Mensajería para la muerta

Y se había muerto nomás. Cuando recibió la noticia lo primero que se le ocurrió fue "puta, pensé que yo iba a morir primero". Tenía el facebook abierto e imaginó lo estúpido que era hablarle a una madre muerta (o a cualquier pariente o amigo ido) por ese medio.
Todo el que escribe a un muerto por internet se está dirigiendo a los lectores, no hay otra. Para levantar compasión, para hacer que el resto recuerde al difunto igual que uno. El estilo epistolar es sin duda más sensacional, tiene llegada. Pero es imposible que alguien suponga realmente que los espíritus y toda esa cosa etérea tengan wi-fi en el más allá.
Si bien es cierto que hay muchos rituales en conmemoración de los muertos, todos ellos se hacen para los vivos. Desde los bailes y funerales africanos, hasta... qué se yo. Son una forma de memoria, apenas, que registra el paso del tiempo, la certeza de la muerte y la continuidad de la vida. Le van avisando a los nuevos, a los críos, que desde que llegamos al mundo todos nos estamos yendo.
La vieja se había muerto, era un hecho.
¿Y para quién eran sus reflexiones?, se preguntó. Y se dijo que para sí mismo. Para esquivar la trampa de los lugares comunes en que la sociedad teje una y otra vez la misma tela de la rutina. Uno le habla al muerto por internet y todos le hablan a sus muertos a su debido tiempo.
Bueno, no todos. También hay gente decente.
El caso es que la muerta se murió y el mundo sigue. "Yo sigo y nosotros seguimos... claro, por ahora", se dijo.
Entonces miró el reloj en la pared y no pudo contener la risa. Había calculado que en tres horas estaría llegando a la casa velatoria, donde el olor a café, los abrazos, las lágrimas y pobre vieja.