Qué triste escribir como un gil y no darse cuenta.
Supongo que la condición necesaria excede al hecho literario y se basa en ser lo suficientemente estúpido en la vida cotidiana como para no enterarse de nada.
Por ejemplo, hacer un poema del tipo...
temblabas de frío
y te estreché en mis brazos
los cuerpos se fundieron
los ángeles estuvieron ahí
como la luz de la luna
en la ventana
etc
Hay un tanto de gil y quizá otro tanto de inocente optimismo, como si el sujeto en cuestión tuviera cierta esperanza o fe en la humanidad, como si creyera sinceramente en que abstracciones como el amor y el enamoramiento, o un simple acto sexual o de cualquier otra índole, colmaran de sentido la existencia.
Al mismo tiempo, la crítica del gil da un aire de rudeza e inteligencia al crítico. Pero en el fondo, este tipo de imbécil probablemente sea más triste y patético que el anterior.
jueves, 15 de septiembre de 2016
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