lunes, 5 de septiembre de 2016

Genio

—Hola María, soy Guido. ¿Te acordás de aquella vez que yo estaba tocando la guitarra y me interrumpiste porque querías dormir?
—No.
—Éramos novios, estábamos en tu departamento de la calle Viamonte y alguien, no sé si Tato o Fabián, había dejado una guitarra.
—Hace como diez años que me fui de ese departamento, ¿por qué?
—Aquella vez, en ese acto egoísta, arruinaste la carrera de un genio. No tenés ni idea de todo lo que la humanidad se está perdiendo por tu culpa.
—¿Qué?
—¿Te imaginás lo que sería el mundo si no existiera la novena sinfonía de Beethoven porque la novia quería dormir la siesta?
—Pero, Guido…
—¿O que su madre lo hubiese obligado a pasear al caniche? ¡O a cambiarle los pañales al abuelo con alzheimer?
—¡Guido!
—¿Qué?
—¿Llamaste para decirme eso?
—Sí, y también para preguntarte si estás sola y te gustaría que nos encontremos una noche de estas a ver si revivimos un poco de…   ¿Hooola? María, ¿estás?
—...
—¿Hooolaaaaa? (Me parece que cortó).

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