NOTA DE AUTOR: el narrador de las siguientes reflexiones es ficticio. De aquí en más (si es que vuelvo a publicar) me desenvolveré en el terreno de la ficción; caso contrario habrá alguna consecuente aclaración. Por otra parte, cualquier semejanza que el lector pueda encontrar entre un personaje y alguna persona existente (en internet y/o fuera de dicho sistema), será pura y exclusiva responsabilidad suya.
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He aquí el prefacio al conjunto de obras que desarrollaré y publicaré posteriormente. Debo advertir al lector interesado, o a quien se acerca con cierto desdén, que no me interesa su opinión. Cualquier tipo de crítica constructiva o destructiva me será indiferente. Cada quien será feliz o infeliz con lo propio, y el mundo seguirá girando. Aunque, en realidad preferiría que mis producciones futuras sean de su agrado, que sepan entenderlas y puedan disfrutarlas. No obstante no pretendo ser entendido ni disfrutado. No me importa en absoluto.
Simplemente escribo porque tengo la extraña necesidad de dejar un signo mío en el mundo; una marca, una huella. Quizás es un anhelo de aparición, de figuración personal, de darme a conocer; ya que en la sociedad actual encuentro ciertas dificultades para el ‘conocimiento real’ de las personas. No es una crítica, sino una mera apreciación que me permito hacer debido a experiencias personales. Probablemente, quienes lean estas líneas sean muy afortunados; estarán insertos en el ámbito social, tendrán numerosos amigos y buenos conocidos con quienes -estoy seguro- dialogarán a menudo sobre temas interesantes de actualidad, cuestiones existenciales, filosóficas y metafísicas; sobre literatura y todo tipo de artes; y también un poco acerca de sus cotidianeidades -por qué no.
Las vidas de esas personas son envidiables. ¡Tan interesantes! ¡Tan profundas! Y yo aquí, en soledad, escribiendo unos miserables párrafos que pueden no ser leídos jamás... por desinterés de los lectores, o por la ausencia de mi ser ante el público. Aún no sé si publicaré lo que estoy escribiendo. Probablemente lo archivaré y pasará años en un cajón esperando darse a conocer (eso, en el mejor de los casos); de lo contrario será abollado y consiguientemente arrojado a la basura. En fin, algún destino tendrá. Igualmente, lo escribo como si estuviese seguro de que mi producción será expuesta y tendrá repercución en muchos lectores, ya que el hecho de escribir para alguien regocija mi espíritu de artista. Pero, recuerdo, nunca pierdo de vista la posibilidad de destruir la resultante de todo esto.
Sin embargo, haré lo posible porque mis ideas aparezcan, sean existentes, sean útiles (aunque desconfío de semejante hazaña), entonces las expondré en “la Internet”. ¿Qué mejor forma de existir? ¿Qué otra posibilidad cabe al ser humano de demostrar que está vivo, sino dentro de una red infinita de computadoras? No cabe duda de que es fantástico, es maravilloso el mundo actual; repleto de tecnologías inimaginables un siglo antes, cuando la gente sólo conocía a los vecinos de su pueblo. En cambio, ¡mírennos ahora! Todo el mundo unido, la población mundial puede estar conectada, puede conocerse sin siquiera salir de su casa. Un chino puede chatear con un jamaiquino; un cordobés con un iraquí; un etíope con un alemán; un mongol con el papa; etc... ¡y sólo necesitan sentarse frente a una pantalla y un teclado! Díganme, ¿no es maravilloso? ¡Es realmente extraordinario!
Sería preciso destacar que esto puede cumplirse siempre y cuando los interlocutores coincidan en el manejo de alguna lengua común, y tengan garantizado el acceso a una computadora y a internet. Pero... ¿quién no tiene acceso a una computadora, a internet, y -por ejemplo -a la distinguida lengua inglesa? ¿Quién, eh? Díganme... ¡Por supuesto, todos! ¡Todo ser viviente lo tiene! Todo el mundo puede ser conocido, todo el mundo puede amar al resto, y todo el mundo es y será feliz mientras exista nuestra querida Internet.
Ahora bien, quizás lamento un poco no poder conocer profundamente a la gente de mi pueblo. Pero... debo aceptarlo, y reconocer las ventajas que ‘lo moderno’ nos brinda. Por eso publicaré mis textos en internet, en un blog; debo hacerlo, es una necesidad hacerlo. Así, por lo menos, me comunicaré con ‘el mundo’ entero; con quienes nunca me encontraré ni intercambiaré siquiera dos palabras, ¡pero conocerán mis ideas, seré parte de todos ellos! ¡Sí, así será!
¡Por fin existiré, después de tantos años de suponerme con vida! Me conocerá todo el mundo... ¡Qué efusividad tan grande!
De todos modos, hay algo que me inquieta; hay una duda que persiste en lo más profundo de mi ser. Y si acaso sólo hubiese desinterés y desprecio hacia la lectura... ¿que será de mí, si nadie se preocupa por leerme? ¿Seré un fantasma... un alma en pena? Tal vez me desvanezca en el aire hasta ser imperceptible y, entonces, seré pretérito; sólo seré olvido.
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He aquí el prefacio al conjunto de obras que desarrollaré y publicaré posteriormente. Debo advertir al lector interesado, o a quien se acerca con cierto desdén, que no me interesa su opinión. Cualquier tipo de crítica constructiva o destructiva me será indiferente. Cada quien será feliz o infeliz con lo propio, y el mundo seguirá girando. Aunque, en realidad preferiría que mis producciones futuras sean de su agrado, que sepan entenderlas y puedan disfrutarlas. No obstante no pretendo ser entendido ni disfrutado. No me importa en absoluto.
Simplemente escribo porque tengo la extraña necesidad de dejar un signo mío en el mundo; una marca, una huella. Quizás es un anhelo de aparición, de figuración personal, de darme a conocer; ya que en la sociedad actual encuentro ciertas dificultades para el ‘conocimiento real’ de las personas. No es una crítica, sino una mera apreciación que me permito hacer debido a experiencias personales. Probablemente, quienes lean estas líneas sean muy afortunados; estarán insertos en el ámbito social, tendrán numerosos amigos y buenos conocidos con quienes -estoy seguro- dialogarán a menudo sobre temas interesantes de actualidad, cuestiones existenciales, filosóficas y metafísicas; sobre literatura y todo tipo de artes; y también un poco acerca de sus cotidianeidades -por qué no.
Las vidas de esas personas son envidiables. ¡Tan interesantes! ¡Tan profundas! Y yo aquí, en soledad, escribiendo unos miserables párrafos que pueden no ser leídos jamás... por desinterés de los lectores, o por la ausencia de mi ser ante el público. Aún no sé si publicaré lo que estoy escribiendo. Probablemente lo archivaré y pasará años en un cajón esperando darse a conocer (eso, en el mejor de los casos); de lo contrario será abollado y consiguientemente arrojado a la basura. En fin, algún destino tendrá. Igualmente, lo escribo como si estuviese seguro de que mi producción será expuesta y tendrá repercución en muchos lectores, ya que el hecho de escribir para alguien regocija mi espíritu de artista. Pero, recuerdo, nunca pierdo de vista la posibilidad de destruir la resultante de todo esto.
Sin embargo, haré lo posible porque mis ideas aparezcan, sean existentes, sean útiles (aunque desconfío de semejante hazaña), entonces las expondré en “la Internet”. ¿Qué mejor forma de existir? ¿Qué otra posibilidad cabe al ser humano de demostrar que está vivo, sino dentro de una red infinita de computadoras? No cabe duda de que es fantástico, es maravilloso el mundo actual; repleto de tecnologías inimaginables un siglo antes, cuando la gente sólo conocía a los vecinos de su pueblo. En cambio, ¡mírennos ahora! Todo el mundo unido, la población mundial puede estar conectada, puede conocerse sin siquiera salir de su casa. Un chino puede chatear con un jamaiquino; un cordobés con un iraquí; un etíope con un alemán; un mongol con el papa; etc... ¡y sólo necesitan sentarse frente a una pantalla y un teclado! Díganme, ¿no es maravilloso? ¡Es realmente extraordinario!
Sería preciso destacar que esto puede cumplirse siempre y cuando los interlocutores coincidan en el manejo de alguna lengua común, y tengan garantizado el acceso a una computadora y a internet. Pero... ¿quién no tiene acceso a una computadora, a internet, y -por ejemplo -a la distinguida lengua inglesa? ¿Quién, eh? Díganme... ¡Por supuesto, todos! ¡Todo ser viviente lo tiene! Todo el mundo puede ser conocido, todo el mundo puede amar al resto, y todo el mundo es y será feliz mientras exista nuestra querida Internet.
Ahora bien, quizás lamento un poco no poder conocer profundamente a la gente de mi pueblo. Pero... debo aceptarlo, y reconocer las ventajas que ‘lo moderno’ nos brinda. Por eso publicaré mis textos en internet, en un blog; debo hacerlo, es una necesidad hacerlo. Así, por lo menos, me comunicaré con ‘el mundo’ entero; con quienes nunca me encontraré ni intercambiaré siquiera dos palabras, ¡pero conocerán mis ideas, seré parte de todos ellos! ¡Sí, así será!
¡Por fin existiré, después de tantos años de suponerme con vida! Me conocerá todo el mundo... ¡Qué efusividad tan grande!
De todos modos, hay algo que me inquieta; hay una duda que persiste en lo más profundo de mi ser. Y si acaso sólo hubiese desinterés y desprecio hacia la lectura... ¿que será de mí, si nadie se preocupa por leerme? ¿Seré un fantasma... un alma en pena? Tal vez me desvanezca en el aire hasta ser imperceptible y, entonces, seré pretérito; sólo seré olvido.
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