Cuentan que desde los remotos días del emperador Cesar, de Roma, hay un hombre que continúa con vida. Sí, se dice de él que es inmortal. Ahora bien, quienes lo han visto presentan enormes diferencias en sus testimonios.
La mayoría coincide en que habita regiones de Oriente Medio. Aseguran haberlo visto en Afganistán, en Turkmenistán, en Irak, en Turquía y, un poco más lejos, en Nepal e India (entre otros). Sin embargo, las descripciones que hacen de su aspecto físico son tan variadas como personas cuentan su historia. Por ello, los escépticos dudan de la existencia del mismo, y algunos fanáticos dicen que son muchos los inmortales que habitan el mundo y que cualquiera puede llegar a serlo.
Algunos describen al inmortal como un joven voluptuoso, de cabellos largos y ondulados, que combate en las guerras de la región, buscando su ideal de justicia. Otros afirman que es un anciano pelado, de barba blanca y extensa, que se conserva bastante bien pese a superar los dos mil años de edad, y sería un sabio que aconseja a los jóvenes sobre las verdades y objetivos de la vida. Otro grupo dice que es un pastor que envejece y rejuvenece en ciclos de cien años, reiterados desde su nacimiento, por lo tanto casi nadie puede percatarse de ello.
Finalmente, los más descabellados dicen que el cuerpo humano no está preparado para habitar la Tierra durante un período de tiempo semejante, pero afirman que es su alma la que circula libremente por el mundo entero y que, perdurar en ese estado, es la única inmortalidad posible. También agregan que el milenario espíritu sufre de ciertos extravíos mentales, y que con frecuencia se introduce en humanidades ajenas para realizar actos estúpidos u obscenos.
El nombre del inmortal bien podría ser Alameth o Hamlet, o quizás Carlos. El último grupo, además, recomienda tomar precauciones para evitar ser víctima de algún acto vinculado a aquel extraño sujeto.
Entre sus advertencias, principalmente proponen usar siempre el cinturón de seguridad en los vehículos, pues el fantasma suele girar bruscamente el volante y desaparecer para que el conductor se las arregle como pueda; también sugieren no detenerse a observar desgracias ajenas, porque aparece repentinamente para reírse sin ningún tipo de escrúpulo y, en ocasiones, escupe insultos en varios idiomas al desgraciado; por último, imploran caminar con las manos en los bolsillos, ya que el impúdico espectro suele levantar las polleras de las bellas jóvenes que circundan, abandonando el cuerpo justo al momento de la cachetada.
La mayoría coincide en que habita regiones de Oriente Medio. Aseguran haberlo visto en Afganistán, en Turkmenistán, en Irak, en Turquía y, un poco más lejos, en Nepal e India (entre otros). Sin embargo, las descripciones que hacen de su aspecto físico son tan variadas como personas cuentan su historia. Por ello, los escépticos dudan de la existencia del mismo, y algunos fanáticos dicen que son muchos los inmortales que habitan el mundo y que cualquiera puede llegar a serlo.
Algunos describen al inmortal como un joven voluptuoso, de cabellos largos y ondulados, que combate en las guerras de la región, buscando su ideal de justicia. Otros afirman que es un anciano pelado, de barba blanca y extensa, que se conserva bastante bien pese a superar los dos mil años de edad, y sería un sabio que aconseja a los jóvenes sobre las verdades y objetivos de la vida. Otro grupo dice que es un pastor que envejece y rejuvenece en ciclos de cien años, reiterados desde su nacimiento, por lo tanto casi nadie puede percatarse de ello.
Finalmente, los más descabellados dicen que el cuerpo humano no está preparado para habitar la Tierra durante un período de tiempo semejante, pero afirman que es su alma la que circula libremente por el mundo entero y que, perdurar en ese estado, es la única inmortalidad posible. También agregan que el milenario espíritu sufre de ciertos extravíos mentales, y que con frecuencia se introduce en humanidades ajenas para realizar actos estúpidos u obscenos.
El nombre del inmortal bien podría ser Alameth o Hamlet, o quizás Carlos. El último grupo, además, recomienda tomar precauciones para evitar ser víctima de algún acto vinculado a aquel extraño sujeto.
Entre sus advertencias, principalmente proponen usar siempre el cinturón de seguridad en los vehículos, pues el fantasma suele girar bruscamente el volante y desaparecer para que el conductor se las arregle como pueda; también sugieren no detenerse a observar desgracias ajenas, porque aparece repentinamente para reírse sin ningún tipo de escrúpulo y, en ocasiones, escupe insultos en varios idiomas al desgraciado; por último, imploran caminar con las manos en los bolsillos, ya que el impúdico espectro suele levantar las polleras de las bellas jóvenes que circundan, abandonando el cuerpo justo al momento de la cachetada.
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