miércoles, 22 de abril de 2015

La oferta de Dios (parte 6)

“Qué idiota fui. Pensar que uno está fuera de la vida. Siempre se está en la vida, hasta que morimos. Entonces dejamos de ser esto, para ser lo otro. Nos volvemos parte del todo, aunque ya lo seamos ahora, pero con una forma distinta. Somos formas con una conciencia que integra la inmensidad. Quizá esa conciencia sea idéntica a la que el todo tiene de sí mismo, pero algo tiende a separarnos de ese todo. La supuesta individualidad, la subjetividad, la razón. Componentes de un anhelo: el de permanecer en la forma actual, la forma conocida.
No se está fuera de la vida, no. En todo caso se está viviendo mal. Se vive fuera de sí, pero también fuera del todo. Es decir, se vive desconectado, triste, angustiado o empantanado… por buscar definiciones.
¿Y Mara? ¿Dónde estará ahora? Lo cierto es que la extraño. Qué idiota fui...
¿Por qué privarme de compartir algo con ella?
Sí, claro, el sufrimiento… Pero si no sufría por ella, sufría por mí. Ella no es el motivo, soy yo el generador de mi propia angustia al esperar que otros hagan por mí lo que yo debería hacer por mí.
Definitivamente, tengo que visitarla...”.
Todo eso y poco más pensó Lavagna, mientras se recortaba el bigote frente al espejo.

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