Está oscuro y todo parece detenerse cuando empiezo a escuchar los disparos. Los músicos en el escenario siguen tocando unos segundos, como si les quedara un poco de cuerda. Después el baterista se tira al piso y el bajista corre hacia un costado. El guitarrista se detiene sin entender un carajo y se queda mirando, como quien busca el horizonte.
Si eso no es rock, ¿qué es?
Entre nosotros, que somos como una masa de carne compacta perforada por las balas, se intensifican los empujones, los tropiezos, las muertes.
No sé qué es peor, si ser baleado o morir aplastado entre la turba.
Yo estoy en el medio. No puedo correr a ninguna parte. Hay gente a mi izquierda y a mi derecha. Adelante y atrás. Varios de ellos me servirán como escudo.
Solo queda esperar.
Quizá me convierta en un número ilustre y la patria me recuerde como pretexto para una guerra.
Quizá siga viviendo. Entonces tendré una historia que contar a los medios, que me utilizarán para conmover a los espectadores y mis traumas serán pretexto para una guerra.
Yo nunca fui a una guerra, ni me interesa.
Soy estudiante universitario. Y francés.
Acaso mi nacionalidad tenga alguna importancia en este mundo.
martes, 17 de noviembre de 2015
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario