—Se lo juro oficial, yo no quería. Pero no pude aguantarme, ¡ella me provocó!
—Llévenselo.
Dos agentes salieron con el tipo a rastras hacia el patrullero. Un tercero se quedó pensativo.
—Jefe, ¿y con la vieja qué hacemos?
—Traela.
El agente caminó hasta una casa con techo de chapa, golpeó la puerta y regresó con la vieja.
—Señora —dijo el jefe—, hicimos lo que pudimos, detuvimos al sospechoso, pero no pudimos evitar que su gallina formase parte del puchero familiar. Si desea un resarcimiento, tiene derecho a poner abogados.
martes, 19 de julio de 2016
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