domingo, 18 de enero de 2015

El juego

Era la tercera o la novena vez que ella hacía lo mismo y eso lo perturbaba demasiado. Hasta la había encontrado en sueños. En el boliche, ella se acercaba y lo invitaba a bailar. Simulando una inocencia que no tenía, se movía con soltura y lo rozaba, apenas, volviéndolo loco. Pero esta vez había llevado el contacto de los cuerpos a límites demasiado eróticos, cosa que a él lo motivó a insistir.
"Arranquemos", le dijo, "vayamos por ahí". Ella bailaba y reía. Hablaba de otra cosa. De la amiga que estaba sola, de la lluvia, de... cosas. ¿De la posición de los astros? ¿De tu cara de chiste? Podía ser, pero no. Reía, y esquivaba como la mejor.
En efecto, se divirtió un rato y se alejó otra vez. Como si fuera amante de las repeticiones, de ciclos eternos y de retornos lejanos, dejaba el juego en suspenso y demoraba el desenlace.
Al otro día, tomando mate en la plaza, le contó sus teorías y sentimientos a un amigo que lo escuchó en silencio. Al término, se encogió de hombros.

—No es tan complicado —repuso—, seguro que se encama con otro.

No hay comentarios: