—¡Mamá, mamá!
—¿Qué?
—Hay extraterrestres en el patio.
—Deciles que vuelvan a su planeta.
Nada aquí ha superado el deterioro del tiempo. Al principio, fue la inocente felicidad; luego, la herida y la desconfianza; por fin, el hastío. Acaso el olvido encienda una hoguera redentora con estas letras resecas. Las telarañas en los rincones se obstinan en fijarlo todo, para siempre.
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