—He descubierto el fin de la vida —dijo Aníbal, segundos antes de morir postrado en una cama sucia de la habitación 114 de un hospital cualquiera, sin nadie que lo escuchara.
lunes, 30 de mayo de 2016
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Nada aquí ha superado el deterioro del tiempo. Al principio, fue la inocente felicidad; luego, la herida y la desconfianza; por fin, el hastío. Acaso el olvido encienda una hoguera redentora con estas letras resecas. Las telarañas en los rincones se obstinan en fijarlo todo, para siempre.
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