"¿Qué se sentirá ser un vampiro?", se preguntó Migue, mientras miraba una película echado en el sillón. Se incorporó para darle un buen trago a la cerveza. Luego eructó y apoyó la botella en el suelo.
-¿Qué se sentirá ser un vampiro? -dijo en voz alta.
-Si no sabés vos -murmuró su novia desde la cocina.
-¿Qué? -gritó Migue.
Como no llegó ninguna respuesta, se concentró en la película. La había agarrado empezada en Cinecanal y ahora dos tipos y una rubia se armaban con estacas, biblias y ristras de ajo para ir a la guarida del Conde Drácula. Migue se preguntó si los bifes al ajo del restaurante peruano de la esquina servirían para inmunizarse. Al imaginarlo sintió algo parecido al hambre.
Los justicieros se aproximaban en carreta al imponente castillo de la montaña, cuando Migue sintió un ruido en la cocina. Le pareció el deslizamiento de la ventana hasta hacer tope. Siguieron unos pasos y algo que cayó al piso. Migue se sonó los dedos del pie contra el sillón, dio otro trago a la cerveza y bostezó.
-¿Querés que encarguemos comida en los peruanos? -dijo, como si hablara al televisor.
Desde la cocina llegó una risita, un murmullo. No hubo respuesta. Migue bajó el volumen del televisor y se sentó.
-Che, te hablé. ¿Pedimos comida?
Llegaron más risas. Crecían en intensidad. Ella reía como si sufriera un ataque de cosquillas. A Migue le pareció escuchar otra voz por lo bajo y se levantó. Caminó en puntas de pie hasta la cocina y desde la puerta los vio. Su novia, sin remera y con el pelo revuelto, abrazaba a un tipo engominado que le estaba mordisqueando las tetas. Los vidrios se habían empañado por el agua que hervía en la olla. Las verduras yacían picadas y olvidadas en la tabla; la cuchilla, en el piso. Migue carraspeó y los amantes tardaron unos segundos en interrumpirse. Se quedaron mirando, como si alguien sobrara. Migue iba a decir algo, pero vio los dos puntos de sangre en el cuello de su novia y dejó caer los brazos pesadamente. Lo demás era predecible. Hubo una explosión de humo blanco y los dos murciélagos escaparon por la ventana, hacia el cielo de luna llena. Antes de regresar al sillón, Migue levantó el cuchillo, apagó la hornalla y, por las dudas, dejó abierta la ventana.
viernes, 20 de mayo de 2016
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