—¡Doctor, doctor! Tengo una duda, no sé si soy hombre o mujer.
—No se preocupe, engendro. Es lo más normal.
miércoles, 22 de octubre de 2014
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Nada aquí ha superado el deterioro del tiempo. Al principio, fue la inocente felicidad; luego, la herida y la desconfianza; por fin, el hastío. Acaso el olvido encienda una hoguera redentora con estas letras resecas. Las telarañas en los rincones se obstinan en fijarlo todo, para siempre.
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