—Maestro,
¿por qué cree que los escritores modernos abordan tanto la temática del sexo?
—Porque
no se les para.
—¿Y
cómo explica el caso de las escritoras?
—Es
evidente, nunca se les paró.
Nada aquí ha superado el deterioro del tiempo. Al principio, fue la inocente felicidad; luego, la herida y la desconfianza; por fin, el hastío. Acaso el olvido encienda una hoguera redentora con estas letras resecas. Las telarañas en los rincones se obstinan en fijarlo todo, para siempre.
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