jueves, 2 de octubre de 2014

La ventana

La luz amarilla caía directamente sobre el cuerpo de la mujer, que yacía junto a la cama, boca abajo, salpicada de vidrios espejados. Había una pistola en su mano derecha y un charco de sangre en torno a su cabeza. Tenía puesto un vestido negro y medias oscuras que le cubrían hasta los muslos. Al pie de la cama, donde las cortinas ondulaban como fantasmas, relucía un par de zapatos de taco alto dispuestos con absurda prolijidad. Por la ventana se colaba el invierno y una humareda que olía a pollo asado con chimichurri.


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