sábado, 24 de mayo de 2014

Quizá nunca puedas ver el aire

Cómo ibas a saber dónde meterte si le habías dicho que lo querías, que te gustaría pasar el resto de tu vida con él, amándolo, besándolo y soñándolo a cada instante.
Eras inocente, claro. Él te dio la espalda y se fue con otra, en tu cara; por eso te arrojaste en mis brazos cuando comenzaba el invierno. No sabías que seis meses eran toda una vida y que necesitabas esa pequeña muerte para iniciar un nuevo ciclo.
Fue lindo encontrarte en sueños, pero enseguida notaste que yo era demasiado etéreo y corriste en busca de tierra firme.
Es fácil perder la inocencia, pero los miedos se impregnan en la ropa, en el pelo, en las uñas... Su perfume deja rastros por donde camines.
Por mí no te preocupes, hace años que dejé de morir. Y no hay secreto, es muy simple en realidad, pero cuesta vida darse cuenta. Y es que vos también sos aire, nena. Quizá nunca puedas verlo.

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