Cómo ibas a
saber dónde meterte si le habías dicho que lo querías, que te gustaría pasar el
resto de tu vida con él, amándolo, besándolo y soñándolo a cada instante.
Eras inocente,
claro. Él te dio la espalda y se fue con otra, en tu cara; por eso te arrojaste
en mis brazos cuando comenzaba el invierno. No sabías que seis meses eran toda
una vida y que necesitabas esa pequeña muerte para iniciar un nuevo ciclo.
Fue lindo
encontrarte en sueños, pero enseguida notaste que yo era demasiado etéreo y
corriste en busca de tierra firme.
Es fácil
perder la inocencia, pero los miedos se impregnan en la ropa, en el pelo, en
las uñas... Su perfume deja rastros por donde camines.
Por mí no te
preocupes, hace años que dejé de morir. Y no hay secreto, es muy simple en realidad, pero cuesta vida darse
cuenta. Y es que vos también sos aire, nena. Quizá nunca puedas verlo.
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