Era de noche. Hugo y Jorge
tomaban vino en la cocina. Habían discutido un largo rato sobre el sentido de
la vida, del arte, del amor, y no habían alcanzado ningún acuerdo. Ahora permanecían en silencio. Jorge terminó su
vaso.
—En fin, es tarde y tendría que
irme —dijo.
Hugo asintió. Se levantaron de la mesa y
caminaron hasta la puerta.
—A veces creo que la comunicación
es imposible —insistió Jorge—. Cuando pensamos que comprendemos al otro, digo, no es más que una ilusión.
—A ver...
—Quiero decir que todo sentimiento, en apariencia compartido, es individual. Por eso hablar es en vano y todo diálogo, en el fondo, resulta falso.
—A ver...
—Quiero decir que todo sentimiento, en apariencia compartido, es individual. Por eso hablar es en vano y todo diálogo, en el fondo, resulta falso.
—No voy a tolerar que me trates de falso y menos en mi casa.
—Ya me iba.
—Mejor así.
—Ya me iba.
—Mejor así.
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