lunes, 12 de mayo de 2014

Redacciones

Por la tarde vino un flaco a la redacción de la revista.
—Tengo una historia extraordinaria —me dijo— y necesito que alguien la escriba por mí. Últimamente estoy demasiado enfocado en vivir como para desperdiciar mi tiempo con eso.
—¿Y por qué creés que otro debería escribirla? —dije.
—La verdad... no sé. ¿Vos sos consciente de todo lo que motiva tus actos?
—No estoy seguro. En fin, te escucho.
El flaco contó todo con lujo de detalle, me dio la mano y se fue. Estaba loco, pero era una buena historia.
Lo primero que hice fue terminar mi crónica sobre la feria de artesanos. Después anoté esto y también me fui.

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